Wednesday, October 31, 2012

ELECCIONES, MOVIMIENTO SOCIAL Y “REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA”


Los diversos rostros de los movimientos sociales asoman tras los resultados de la elección  municipal. La de Eloísa González que llamó a “no prestar el voto” como rechazo a un sistema político de fuertes restricciones a la participación democrática, una opción que forma parte de de esa inmensa mayoría de ciudadanos, un 61%, que no participó en la elección municipal.

También afloran las de Giorgio Jackson y Camila Vallejo con las derrotas de alcaldes de derecha que se ensañaron  contra las movilizaciones estudiantiles, como es el caso de Santiago (Pablo Zalaquett), Providencia  (Cristian Labbé) y Ñuñoa (Pedro Sabat).

Pero también en la derrota del gobierno de derechas encabezado por Sebastián Piñera emergen las imágenes como las de Iván Fuentes (movimiento  de Aysén), Andrea Cisternas (movimiento de Freirina), José Mardones (movimiento de Calama), entre muchas otras de diferentes movimientos que han enfrentado las políticas económicas y medio ambientales.

Es la primera elección general tras la emergencia de movimientos sociales (2011-2012) que ponen en cuestión un modelo político (“democracia gobernable”) y económico (“crecimiento neoliberal”) excluyente de una participación y control ciudadana, y el rechazo a una clase política interesada más en mantener sus posiciones de poder que en conectar con una ciudadanía cada vez más exigente.

Los resultados son claros: la desafección ciudadana  se experimenta, en forma ininterrumpida desde hace más de 20 años, en la participación electoral: del 79,4% en 1992 al 57,4% en 2008. Ahora, en 2012, se profundiza con la participación de un 39% de los ciudadanos.

El voto voluntario ha quitado el último dique de contención (la obligatoriedad del voto) y deja en evidencia la carencia de representatividad democrática del sistema político. La elite política ha sido reacia a asumir este proceso de desafección que tiene múltiples motivos.

Un fenómeno que requiere de un estudio serio, aunque seguro no se debe a una causa. Entre otras se pueden plantear: la pasividad o indiferencia de personas satisfechas; la percepción de alternativas altamente indiferenciadas; el rechazo a sucesivas malas prácticas de los partidos políticos; el cansancio a la insensibilidad de alcaldes repetidos, parlamentarios o autoridades de gobierno ante malestares sociales, la convicción de que su voto no decide, sino ratifica lo decidido por los partidos, de acuerdo a un sistema electoral, etc.

¿Persistirán los partidos y las instituciones políticas en eludir responsabilidades de continuar debilitando la democracia representativa? Y ¿Continuarán siendo insensibles al sentimiento de parte importante de la sociedad de abrir un periodo constituyente que resuelva  las causas de los conflictos sociales y políticos  que no hacen más que acumular desafección a un sistema democrático de baja calidad?

El ex  Presidente Ricardo Lagos planteaba que  la derrota del gobierno se debía a “que no escucharon la voz profunda de la ciudadanía, de los movimientos sociales”. Y tiene razón, aunque estos movimientos tampoco le dieron una victoria global a la oposición, sin perjuicio que incidieran en triunfos emblemáticos, de candidaturas  con nuevas figuras y planteadas con amplitud como, entre otras,  la de Tohá en Santiago, Errázuriz en Providencia y Fernández en Ñuñoa.

En su conjunto ha triunfado una oposición muy fragmentada, en cuatro bloques, de centro-izquierda y de izquierdas, ha triunfado sumando el 57,02% (Concertación: 27,32%; Por un Chile Justo: 22,10%; El Cambio por Ti: 4,51% y Mas Humanos: 3,05%). La novedad es que la Concertación, como coalición y proyecto, ya no es la alternativa única a la derecha.

Cada vez se plantea con más insistencia y apoyo la necesidad de fundar una nueva alianza con unidad programática que señale un proyecto de  “revolución democrática” (concepto surgido desde el movimiento social) que cambie principios y normas constitucionales ideadas para consolidar un Estado como instrumento para garantizar una sociedad de mercado.

Para ese tipo de cambio no se puede esperar una colaboración de la derecha, como ha quedado demostrado en los intentos de reformas del sistema electoral, pero sí se puede esperar de la  construcción de una nueva alternativa política democrática sensible a conocer, interpretar e incluir inquietudes, ideas y dinámicas que se encuentran entre parte importante de los 8 millones de ciudadanos que no fueron a votar en las últimas elecciones municipales.

Tuesday, October 25, 2011

CADA UNO EN LO SUYO

El Presidente de Estados Unidos ordenó matar a Osama bin Laden. Su secretaria de Estado, Hillary Clinton planteó “matar o capturar” a Muamar Gadafi, y recientemente el Presidente Obama decidió retirar las tropas de Irak luego que no consiguiera inmunidad penal para sus soldados ante eventuales crímenes que cometieren en territorio iraquí.

¿Por qué esta propensión de los gobernantes estadounidenses a actuar al margen del derecho y de valores estrechamente vinculados y reconocidos en Occidente?

La brutalidad del gobierno de George W Bush parece ser una herencia que pesa. El republicano, asumido, retiró la adhesión de Estados Unidos a la Corte Penal Internacional y tras el 11-S impuso una política de recortes de las libertades individuales y desarrolló una “guerra contra el terrorismo” al margen de la ley (secuestros, campos de detención, cárceles secretas, detenciones sin juicios, torturas, asesinatos, desapariciones).

Obama no dio lugar a investigar los crímenes cometidos por el régimen de Bush. Tampoco cumplió su promesa de cerrar el campo de Guantánamo en un año y continúa con el estado de restricción de las libertades de los ciudadanos estadounidenses.

A pesar de los cambios, Estados Unidos no se desprende del todo de la prepotencia en su actuar internacional, situándose por sobre los demás. ¿Por qué Obama no ha restablecido la adhesión que el gobierno de Clinton dio al Tribunal Penal Internacional y se pone en una situación de igualdad jurídica respecto de la mayoría de los países de Occidente?

Esta actitud de Estados Unidos, de dominio y poderío, ha conseguido, a su debida escala, un discípulo aventajado en las autoridades de la Comisión Nacional de Transición libio. Éste se niega a una investigación internacional sobre los hechos que derivaron en el linchamiento de Gadafi (una de las opciones sugeridas por Hillary Clinton) y procede a enterrar en secreto los restos del dictador (como el practicado por Estados Unidos con Bin Laden).

Por su parte, ningún gobierno europeo ha condenado abiertamente el asesinato del dictador, considerando que había una orden de detención en su contra de la fiscalía de la Corte Penal Internacional, a la que los Estados europeos están suscrito y los que hasta no hace un año brindaron a Gadafi reconocimiento, atenciones y apoyo.

Una actitud que se extendió por todo el mundo cuando a partir del 2000 las potencias occidentales lo rehabilitaron tras garantizar el abandono del patrocinio del terrorismo en terceros países y la destrucción de armas de destrucción masiva.

Estados Unidos sigue con las suyas y Libia comienza con las propias.

Thursday, September 01, 2011

POR LAS CALLES NUEVAMENTE

La Concertación está ante la disyuntiva de optar por un cambio de la Ley Orgánica de la Enseñanza establecida por la dictadura de Pinochet o por establecer algunas correcciones de acuerdo con la derecha.

La alternativa del cambio significa distanciarse de la estrategia, seguida los últimos 20 años, de consensos con la derecha: "la democracia de los acuerdos", y acercarse a una estrategia de sumar fuerzas en la sociedad para transformar el régimen político constitucional.

Se trataría de postular el paso de una democracia protegida o restringida (por un régimen electoral que vulnera los principios de representatividad y de voluntad popular de los ciudadanos) hacia una democracia representativa (régimen electoral proporcional y no excluyente) y participativa (primarias electorales, plebiscitos en casos calificados).

La mayoría de la derecha parece dispuesta a conservar los fundamentos constitucionales (Carta Fundamental y leyes orgánicas, incluida la ley electoral binominal) que garantizan un modelo de crecimiento basado en el libre mercado y la subsidiaridad del estado, impugnado por el movimiento social en el área de la enseñanza.

La Concertación debe decidir si abrir o no un periodo constituyente y realizar reformas profundas en las leyes orgánicas. Para ello tendría que conseguir una mayoría social y política movilizada, semejante a la de 1988, y conseguir una amplia y sólida representación.

Sin embargo, la Concertación parece lejos de ello. Según encuestas recientes, la coalición cuenta con una precaria aprobación ciudadana (17%) y un creciente rechazo (46%). Entre sus dirigentes se advierte perplejidad ante el movimiento social sólido e impotencia ante una derecha intransigente y también desorientada.

Y si no existe cohesión ni sobre una evaluación sobre el pasado reciente, ni un diagnóstico sobre el presente ni un programa común de futuro, qué los reune. Lo peor sería que fuera el régimen electoral binominal el que los mantuviera juntos para no perder muchos escaños. Lo ilusionante sería re-unirse para reconducir la política y la economía hacia un horizonte de un país culturalmente democrático, más de todos, no segregados como acontece en la educación.

Ello exige reconocer que tras el Chile "exitoso" de la “estabilidad (de la política) y el crecimiento (de los mercados)”, viven los chilenos que sienten que ni se les escucha ni representa en la política y que son manipulados y estafados en los mercados.

Pero, sobre todo, la Concertación podría asumir la novedad y acercarse a una sociedad cada vez más libre de temores y por ende más lúcida para pensar, discernir y actuar colectivamente, por sí mismos. Ya lo hizo en 1988 con el movimiento social que se abrió camino en 1983.

Friday, August 19, 2011

LOS ESTUDIANTES DAN LA NOTA

Los dirigentes del movimiento estudiantil pronuncian la palabra plebiscito tras cumplirse el tercer mes de movilizaciones sociales por el cambio del sistema educacional. Una institución democrática tan antigua como la república romana y tan contemporánea como la que reconoce la Constitución Suiza o las que emplean estados democráticos como Italia, Inglaterra o Uruguay e Islandia para que los ciudadanos resuelvan sobre temas relevantes para la sociedad.

La Constitución chilena considera el plebiscito en forma muy restrictiva. La alternativa de los estudiantes surge ante la incapacidad del gobierno y la mayoría del parlamento a considerar un cambio del paradigma educacional: sistema de educación privada con fines de lucro y de educación pública municipalizada establecido durante la dictadura de Pinochet.

A más de 30 años hay un amplio consenso de que la educación en Chile tiene un deficiente standard de calidad y ha sido una instancia reproductora de las crecientes desigualdades sociales. A pesar de ello, los gobiernos de la Concertación optaron por mantener lo fundamental del sistema.

El actual gobierno de derecha se resiste cambiar la idea dominante de una educación como bien de consumo en que el Estado salvaguarde la libertad de las familias a escoger la clase de educación en un contexto de libremercado educacional, en vez de la idea de una educación como bien público en que el Estado garantice a todos a acceder y recibir una educación de calidad en un contexto de derecho social de la educación.

El conflicto entre el movimiento social de los estudiantes y el gobierno de derecha es en torno al carácter neoliberal (libremercadista) de los principios establecidos en la Constitución y en su respectiva ley orgánica constitucional, promulgada por el dictador el 10 de marzo de 1990, un día antes de abandonar el gobierno.

La demanda de cambio del sistema parece imposible. Éste exige una reforma a la Constitución y a la ley Orgánica de Enseñanza, lo que implica disponer de mayorías especiales que ni los partidos de gobierno ni de oposición tienen como consecuencia del sistema electoral binominal establecido en dictadura. Un cambio sólo sería posible mediante un acuerdo entre gobierno y oposición y no como expresión de una mayoría parlamentaria surgida de la voluntad soberana de los ciudadanos.

El enfrentamiento entre el gobierno y los estudiantes pone nuevamente en evidencia la realidad de una democracia restringida (propia de la época en que la ideología de la "gobernabilidad" se impuso en el marco de la lucha contra el comunismo internacional) que cuestiona la representatividad de la democracia realmente existente.

El plebiscito es un llamado de atención a una clase política desprestigiada por su falta de sensibilidad a los cambios que ocurren en la sociedad y confundida por la envergadura de los movimientos sociales, que expresan sentimientos y raciocinios cada vez más extendidos en la ciudadanía y que los partidos políticos, encapsulados en sus dinámicas de poder, o no se animan o se resisten representar.

Si el plebiscito no es el mecanismo de resolución democrática aceptado para dirimir la contienda sobre la demanda por el derecho a una educación de calidad garantizada por el Estado, los partidos de la Concertación debieran luchar por abrir un periodo constituyente con el fin de elaborar una nueva Constitución que establezca una democracia abierta a las demandas de la sociedad y no restringida a la defensa de principios e intereses de sectores sociales que dominaron amparados en la dictadura de Pinochet.

Los partidos de la Concertación debieran apostar por el futuro y representar a cada vez más ciudadanos, quitando de encima las ataduras que aún quedan. Como lo reconoció, en diciembre de 2008, uno de sus fundadores, el Ministro de Relaciones Exteriores del primer gobierno de la Concertación, Enrique Silva Cimma, refiriéndose a las reformas constitucionales de 1989 y 2005: “no quedamos satisfechos, porque se mantienen en esta Constitución una serie de cosas que nos amarran”, por lo que “debe ser entonces cambiada íntegramente”.