Thursday, May 23, 2013

LA CIGÜEÑA VIENE DE EL SALVADOR

La cigüeña trae tres historias de niños desaparecidos. Viene después de 20 años de que el ejército y la guerrilla salvadoreña suscribieran la paz. Un cineasta, una periodista y tres salvadoreños reencontrados propondrán a los chilenos a que los acompañen en un viaje por la memoria.  Cuando la cigüeña posa en tierra firme, comienza el recuerdo y la reflexión que explican lo sucedido. 



La paz de hace 20 años, motiva

La Cigüeña Metálica (2012) volará desde El Salvador a Chile en junio próximo. La película fue seleccionada y competirá en la sección latinoamericana del Festival Internacional de Documentales de Santiago (24-30 de junio). El documental  viajará acompañado del cineasta catalán Joan López, director de 11 documentales, 4 de ellos con temas latinoamericanos, como Utopía 79 (2006), una proyección crítica de la revolución sandinista en Nicaragua.

El 20 aniversario de los Acuerdos de Paz de Chapultepec (1992), entre el Ejército salvadoreño y el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, incubó la idea de Ana Paola Van Dalen -periodista que trabajó en la Asociación Pro Búsqueda- de alumbrar historias sobre la desaparición forzada de niños durante la guerra civil (1980-1992).

El ejemplo chileno

La Cigüeña metálica es esa imagen viva de los helicópteros que volaban a los campos de la guerra, volvían con niños desgarrados de sus familias y luego eran entregados a orfanatos y familias en adopción. Esa es La cigüeña que se posará en Santiago transportando, ahora, tres historias diferentes que tienen en común ser hijos de campesinos exterminados.

Los helicópteros anunciaban operaciones contra la población civil, de un Ejército que había tomado como modelo la organización prusiana a través del Ejército de Chile, desde comienzos del siglo XX, ejemplo por su disciplina y eficiencia basada en la obediencia ciega y en la veneración de la autoridad superior.

Es, a su vez, un Ejército, como el chileno, con financiación y entrenamiento en Estados Unidos en el marco de la lucha contra el enemigo, el comunismo, a través de la implantación del  terror: secuestros, tortura sistemática y desaparición forzada de personas.


Joan López registra en forma cinematográfica los campos de la memoria
Se suben al helicóptero

La sinergia producida  -combinación de idoneidad investigadora en derechos humanos de Van Dalen y experiencia cinematográfica en América Latina de López- procrea un documental consistente y creativo. La cámara, apoyada en referencias visuales y verbales, va descubriendo un relato vedado a causa del mal, es decir, de la voluntad genocida, de exterminio.

Ambos, el director y la guionista, consiguieron contratar y subirse a un helicóptero del Ejército salvadoreño como los que operaban durante la guerra y desde la misma base militar de hace 20 años. Así, filmaron los escenarios naturales violentados desde donde fueron arrancados los tres niños que protagonizan el documental: Ana Lilian, Ricardo y Marta.

Las tres historias ruedan

La de Ana Lilian es la más dramática. Recuerda la masacre, cuando tenía 8 años, y después de horas junto a los cadáveres destrozados de sus padres y hermanos, logró levantarse, caminar, evitar a los soldados, hasta ser auxiliada. El mal ha dejado en ella un vacío, una soledad que ni siquiera la ha podido superar teniendo hijos, tiene siete hijas.

La de Blanca es la de un bebé que no recuerda a sus padres. Criada en un orfanato, pronto fue adoptada por una familia española. La ausencia de sus orígenes la marcan. Lejos, con su vida en Pamplona, participó con dudas. En el rodaje conoció a un hermano, radicado en Francia. Al final, cuando vio el documental, llamó al director y muy emocionada, llorando, le dijo: “Vaya regalo que me habéis hecho”.

La historia de Ricardo es la del niño que es entregado en adopción a una familia del ejército. La madre adoptiva recuerda: “yo había pedido una hembrita, pero lo militares me trajeron un varoncito”.  La contradicción se afianzaría en el joven que alistado en el ejército. Fue por unos meses y no llegó a ir al frente. Ricardo convive con la dualidad de familias. Lo hace como activo creyente evangélico, lo que le permite ordenar y conciliar su vida.

La mirada del cineasta: el reconocimiento

El cineasta se interesa por los  temas del pasado, como en sus  documentales de Nicaragua e Irlanda del Norte. Calmadas las excitaciones que alejan de la realidad reemplazándola por la simplicidad del negro y blanco, dice: lo importante es como lo protagonistas han aprendido.  Conseguirlo requiere respetar los tiempos de reflexión y decantación de la experiencia, para que la expliquen con los matices propios de la realidad verdadera.

Con esta mirada, el director pone La cigüeña metálica en la dinámica del reconocimiento, de un relato conmovedor,  indispensable para aceptar una verdad siempre susceptible de ser secuestrada por el poder a través de amnistías o discursos que proponen lo mismo: el olvido.

En El Salvador se ha puesto el acento en la verdad: descubrir y documentar las violaciones de los derechos humanos. Es lo que hace La cigüeña metálica, como también propone una justicia ligada a la dignificación de las víctimas, a ser percibidas como personas, lo que exigiría cumplir con otro rasgo de la justicia: la reparación moral, económica, laboral y social. 

A 20 años, la paz anda

La vigilia para no caer en la desmemoria exige una sociedad con una conciencia arraigada de su propia historia. El documento cinematográfico de López vela por eso, que se profundicen las  condiciones que eviten deslizarse hacia situaciones como las de hace más de 20 años.

En estos días, esa conciencia la ha jugado la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia al obligar al gobierno de centro-izquierda de Mauricio Funes a cesar al Ministro de Seguridad y al Jefe de la Policía Nacional Civil, el general David Munguía Payés, ascendido en noviembre de 2011 y el general Francisco Salinas en enero de 2012.

Los impugnadores de la decisión gubernamental, entre otros, el director del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (UCA), Benjamín Cuellar,  sostenían que la decisión de Funes contravenía la Constitución y los Acuerdos de Paz de 1992 que prohíben “militarizar la seguridad pública”.

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